[ 011 ] . Francisco Jurado y Lilia Ortiz
- Jc Martes
- 27 abr
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 29 abr
"Si nos dejan, nos vamos a querer toda la vida..."
Desde los cinco años mi madre me llevaba a la espaciosa oficina de Seguros Bolívar, junto a Radio Sonsón y al fondo del Pasaje El Ventarrón, llegando desde la hermosa e inmensa Plaza de Ruiz y Zapata . Yo entraba como quien cruza a un pequeño mundo solemne y amable . Recuerdo el piso de madera impecable, el olor de los papeles, los archivadores organizados, la sala de recibo bien dispuesta, el ir y venir de personas que confiaban en don Francisco de Paula, para resolver asuntos importantes . Y sobre todo recuerdo la campanita de la máquina de escribir, ese sonido breve que anunciaba una línea terminada mientras don Pacho tecleaba con una agilidad asombrosa, rasgo que lo caracterizó en varios aspectos de su vida
Doña Lilia siempre estaba allí, acompañando cada trámite con paciencia, criterio, cordialidad, con su carácter firme, su presencia y encanto natural . Mamá iba a buscar documentos para presentar a entidades oficiales, y en medio de aquellas diligencias yo iba aprendiendo, sin saberlo, que el servicio podía tener calidez, que la seriedad no reñía con la dulzura . Esa escena primera se me quedó muy adentro como una estampa del arraigado civismo sonsoneño
Después los seguí viendo en la vida cotidiana del pueblo . En eventos culturales, en actividades comunitarias, en conversaciones que nacían al paso y se volvían largas por gusto . Siempre juntos . Siempre atentos, siempre alegres, respetuosos, solidarios
Para ambos yo era “Márquez”. Mi padre había sido vecino de Lilia y compañero de estudio de Francisco, en la Escuela Antonio José de Sucre . Ese vínculo antiguo entre familias me los acercaba de forma especial, máxime porque también compartimos la devoción al Niño Jesús de Praga entronizado en la Iglesia del Carmen . No eran solo personas respetadas del pueblo . Eran también parte de una conexión fuerte que parecía venir antes de mi propia memoria . Por eso cuando nos encontrábamos hacíamos charco . Comentábamos los asuntos municipales, por épocas con verdaderos motivos de inquietud, pero siempre con esperanza . Yo admiraba esa manera de leer la realidad sin derrotismo, con un optimismo trabajado, no ingenuo
Cómo olvidar la inconfundible voz de don Pacho, y qué decir de su risa alegre y contagiosa, -como staccato de violín- en los remates de beneficencia de las Fiestas Patronales de las tres Parroquias, muchas veces acompañado por la encantadora e incansable Amparito Londoño Jaramillo . Notable ese entusiasmo para animar, promover, convocar a otros, poniéndole alma a una causa común, con ese raro don de volver festiva la solidaridad
Siempre vi a los Jurado Ortiz ligados a tantas expresiones de ese amor práctico por Sonsón que no hace ruido pero deja huella . Ese espíritu cívico que en otros tiempos latía con fuerza en iniciativas ciudadanas, en el cuidado de lo común, en la conversación sobre el porvenir del pueblo
Vecinos como fueron de Doña Zoe Correa Palacio, hermana de la imponderable Miryam, tuvieron en la Biblioteca Joaquín Antonio Uribe un refugio de significado entrañable, un mundo donde la cultura no era adorno sino alimento de la vida pública . En todas partes era fácil identificarlos pues la cabellera de plata, -que la guapa Señora parece haber elegido desde muy joven- se convirtió como en su propio sello, coronando sus abrigos impecables y su bolso grande y organizado, tan grande como su corazón de aljibe

Con los años, cuando me acerqué más a lo social y al trabajo comunitario, mi relación se hizo más profunda . Ya no es solo la admiración de quien los ve desde afuera . Hay una cercanía nueva, un afecto más consciente al tener acceso a seres queridos como ellos, desde otro lugar, y comprendo mejor por qué despiertan respeto y admiración en esa armonía entrañable de pareja ejemplar
Veo también en ellos algo simbólico . No como figuras idealizadas, sino como expresión de una manera hermosa y particular de habitar Sonsón y una pedagogía discreta del bien y del buen vivir: La del servicio sin alarde, la de la conversación que anima, la de la fe que acompaña, la del civismo como forma de amor por la tierra . Ellos pertenecen a esa historia cotidiana que casi nunca aparece en los libros y sin embargo sostiene amorosa y decididamente a los pueblos
jcmartes
Casa Fundadores, Sonsón
lunes 27 de abril de 2026

Como sucede con las familias que han sembrado bien, su ejemplo no se interrumpe, se ramifica . A Iván Darío, Ángela María, Francisco Javier y Luz Elena (sus hijos), a Juan David, Angela Juliana, Lina Marcela, Diego Andrés e Isabel Cristina (sus nietos), y a todos los seres que extienden el legado JURADO ORTIZ, en quienes reconocemos muchas de sus virtudes prolongándose: la calidez, la rectitud, la vocación de servicio, el afecto por lo común, la fe sobria, perseverante, profundamente arraigada... una pareja que hizo del civismo una práctica cotidiana y del cariño por el pueblo una obra luminosa


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